Parejas

La linda del restaurante

Esto de tener horario de oficina, ropa de oficina o actitud de oficina se va convirtiendo en un modo de vida, espero no para siempre. Pero hay detalles que pueden marcar la diferencia de un día laboral. Ir a almorzar al medio día puede ser un momento sin mayor relevancia en las 10 horas de trabajo pero…

Por: Andrés A. Gómez Martín.

La linda y bella Bogotá es la ciudad de todos, es decir, aquí, en las calles, avenidas, casas y barrios viven todos aquellos todos los días despotrican del lugar que no les preguntó y tampoco les cuestionó de que parte del país llegaron.

Pero  bueno ese no es el punto de este escrito. Desde noviembre he estado almorzando en un “corrientazo” que a mi parecer es bueno, han logrado por ejemplo que me guste la ensalada, el buen cocinero le pone una salsa de hierbabuena que me encanta.

La linda del restaurante

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Pero hay algo más que me gusta de dicho restaurante, a la misma hora a la que llego, otra comensal  se sienta, la primera vez que la vi no puede evitar quedarme como idiota mirándola. El impacto de su cabello negro fue  el postre de aquel día.

Ya nos cruzamos varias veces, aunque  soy incapaz de hablarle, ya he visto como sonríe cuando cruzamos las miradas.  Es esa sensación de cuando vas por la calle o en Transmilenio y ves a alguien te gusta un montón pero solo es eso, un amor minúsculo, una salida, una cara linda y un cabello negro que alegran los 60 minutos de almuerzo.

La linda del restaurante llega con sus compañeras, pero ella es la más bonita, tendrá 23 años, máximo 25. Es flaquita, tal vez 175 de altura, piel blanca y  una sonrisa de picarona. Sus amigas son emoticones de carita durmiendo.

Me pregunto cuál será el menú de mañana

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