Mujer

El viagra femenino se llama “ven y endúlzame el oído”

El viagra femenino acaba de salir al mercado, en mi época se llamaba ron, después de todo “mujer borracha afloja la cucaracha” jajaja. Mentiras, pongámonos serias.

Por: Paula Ardila @acidodivino

El viagra femenino. La misión de este nuevo medicamento es aumentar la libido en las mujeres, es decir que nos den más ganas de tirar, coger, o como lo quieras llamar.

Sin embargo, aunque a este medicamento también es llamado el “viagra rosa” no funciona como el viagra masculino, que los hombres se toman unas horas antes del sexo y listo, ‘¡venga pa’ ca’ mi amor!’ No, el viagra femenino es de ingesta diaria, no puede ser mezclado con alcohol u otros medicamentos; además, sus efectos secundarios incluyen náuseas, somnolencia y mareos. Traducido al español: un tormento total.

El viagra femenino se llama “ven y endúlzame el oído”

Tumblor: little-bad–princess

Lo que realmente me llamó la atención fue que este medicamento está recomendado para mujeres entre los 20 y 49 años de edad que no han alcanzado la menopausia; pues según estudios, 8,6 millones de mujeres en EE.UU sufren de algo llamado anafrodisia o deseo sexual inhibido.

¿Mujeres entre los 20 y los 49 años de edad sin deseo sexual? Yo prefiero ir con la corriente que piensa que la falta de deseo sexual no es una enfermedad, y agregar que a los hombres pareciera que les quedó grande llevarse una mujer a la cama, sencillamente porque se les olvidó una premisa fundamental: para nosotras el sexo es más que sexo, las mujeres debemos ser conquistadas por los oídos y estimuladas con las palabras. Sí, así como lo lees, una buena conversación nos saca del hielo, una charla interesante puede llegar a aflorarnos las ganas es decir, para nosotras las palabras son la clave del buen sexo.

El viagra femenino se llama “ven y endúlzame el oído”

Tumblr: buttheydontknowmee

Si tienes 20, 25, 30, 35 etc…, y no tienes “ganas” seguramente es porque aún no te has encontrado con el que es; ese que sutilmente te exprese que tiene sílabas deseando ser articuladas en tu lengua o tal vez, ese que un viernes en la tarde te mire a los ojos y descaradamente te diga: “el sexo alarga la vida. Ven aquí y te hago inmortal” o que a mitad de la noche te envié un mensaje por WhatsApp contándote que quiere probar a qué saben tus lunares; y tú, al otro lado de la pantalla estés encendida, con la respiración acelerada y desees rápidamente quitarte… ¿el cinturón?

Y que cada vez que él te endulce el oído con sus narraciones eróticas te imagines todo con pelos y señales a tal punto que se te erice la piel, y cuando por fin te bese y empiece su recorrido por tu cuello y vaya bajando lentamente te derritas… ¿quién no se derrite así? Que te toque en esos puntos clave para que pierdas la noción de quién eres, haciendo que tu respiración se vuelva errática y superficial; causando un calentamiento global en tu cuerpo y que ese subidón de temperatura no baje sino que siga elevándose lentamente al compás de sus caricias, mientras tú te despojas de cualquier miedo, de cualquier negativa y ya no te aguantes más las ganas. Sí, las ganas; esas siempre han estado ahí, pero que muy pocos saben dónde encontrar.

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