Mujer

El que muestra hambre no come

En la conquista, uno de los elementos que más atrae al otro género, más allá de un buen cuerpo o una cara bonita, es el misterio. Por eso, no hay que mostrar todas las cartas de una vez, recuerda que el que muestra hambre no come.

Por: Héctor Ramírez

En el tire y afloje que representa la conquista hay muchos factores que determinan si ese encuentro casual puede evolucionar en algo más (desde quedar en salir a comer la próxima semana a salir del bar derechito a buscar motel). Entre esos factores se encuentra el estado físico –estar o no buena–, tener una cara bonita, ropa provocativa, saber hablar, en fin, todas esas vainas que sabes que necesitas para hacer que alguien caiga en tu red (porque, a pesar de que él piense que fue quien te hizo caer, ambos sabemos que sin tu consentimiento habría dormido solo y antojado). Sin embargo, hay un factor en particular que puede hacer la diferencia entre satisfacer el hambre o seguir en verano, y ese es el misterio.El que muestra hambre no come

Porque, como bien lo dice el adagio popular, “El que muestra hambre no come”. ¿Cómo así? El que no es capaz de mantener vivo el misterio, de hacerse el interesante, de aguantarse las ganas, no tiene nada con qué impresionar, deja de ser atractivo y no come –tira, folla, tiene sexo–. Esto es una verdad universal y hasta tú misma eres consciente de ello; un tipo que muestra todas las cartas de primerazo como que ya no es tan comestible.

¿Cómo afrontar la situación entonces para que la otra persona no te detecte el hambre? ¿Cómo mantener el misterio? Será un lugar común, hasta un cliché, pero tienes que hacerte la difícil. Si expresas con hechos que estás disponible y a la espera de la persona con la que estás a puertas de un proceso amatorio (lo que en síntesis sería demostrar el hambre), perderás puntos, pues el que no se hace desear o extrañar, el que siempre está ahí, no representa aventura y no despierta deseo.El que muestra hambre no come

Ya está, tienes que ser difícil. Pero, además, no tienes que ser muy confiada, pues en esa actitud ‘sobrada’ también se huele el hambre. La otra persona, antes que pensar en corresponderte, puede sentirse acorralada y sentir a kilómetros tu desespero. Eso los espanta. Hay que ser mesurada. Por ello, el manto perfecto para camuflar el hambre es el misterio, siempre tenlo en cuenta. Una vez caiga en tu trama, una vez tu misterio lo seduzca, una vez lo tengas bailando en la palma de tu mano, te darás cuenta que el que no muestra hambre come, y si come callado, repite.

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