Mujer

Costumbres de las mujeres que sacan de quicio a los hombres

Mujeres, está claro que sin ustedes los hombres no podríamos vivir, y no solo por la cuestión reproductiva, sino porque sin ustedes el mundo no es bello. Pero tampoco son la perfección encarnada, no crean.

Por: Héctor Ramírez

Mujeres, ustedes son lo más lindo de la existencia. Pareciera ser que cada una fue hecha por la mano experta de un gran artista, pues ninguna es igual a otra; todas son bellas e irrepetibles. Si hubiera algo como la perfección, las mujeres serían la definición que más se le acerca. Pero claro, la perfección no existe y nada en este mundo es perfecto, incluyéndolas. Y es que así parezcan muñequitas hechas a mano, algunas de ustedes se mandan unas mañas que ni siquiera por estar condenadamente buenas se justifican.

Costumbres de las mujeres que sacan de quicio a los hombres

Tumblr: clairecray

Por dar un ejemplo, cuando estamos viendo una película o un partido de fútbol, en serio estamos interesados en ver qué pasa. Cuando las mujeres no paran de hablar mientras intentamos poner atención, es desesperante porque no nos dejan poner cuidado, no les ponemos cuidado y, encima, la culpa es nuestra porque no las escuchamos. Mejor inviten a una amiga para hablar o intenten ver lo que sea con nosotros para poder hablar después. No es tan difícil, en serio, a ustedes no les gustaría que habláramos como loros mojados cuando ven la novela que les gusta.

Otra maña desesperante de las mujeres es que para ellas, ‘no’ signifique ‘sí’, y viceversa. ¿En serio es necesario poner tanto problema por una bobada de esas? Si salen con alguien, o si es su pareja, uno supondría que tienen la suficiente confianza para ser directas, pues no hay necesidad de hablar en código. Esto no es una guerra, y nadie está intentando ganarle al otro, solo intentan convivir y no hay necesidad de hacer las cosas más difíciles.

Costumbres de las mujeres que sacan de quicio a los hombres

Tumblr: fromalibraspov

O si no, cuando nos empiezan a negar cosas, como si fueran nuestras madres. Mujeres, queridísimas mujeres, las amamos con todo el corazón, pero no somos billeteras como para pertenecerles, o perros como para obedecer hasta la más mínima de sus órdenes. Una relación consiste en la apreciación y el crecimiento mutuo, no en la opresión y el dominio. Y si en serio se van a portar así, no se extrañen cuando estén recibiendo el mismo trato por nuestra parte.

Por último, lo más desesperante y a lo que ninguna escapa es que digan que están bien cuando, evidentemente, están sudando mal genio. En serio, mujeres, ustedes son demasiado lindas como para complicarse con tanta bobada. Los hombres no somos perfectos tampoco, pues rayamos en el descomplique más absurdo, pero de ustedes podemos aprender a mejorar. Más bien, pongámonos de acuerdo y amemos sin complicarnos, que para eso vinimos al mundo.

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