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Ni lo intentes: peleas que un hombre jamás le ganará a una mujer

Cuando un hombre y una mujer empiezan una discusión, la mayoría de veces, antes de que esta termine, se sabe a ciencia cierta que ella es la que acabará teniendo razón. ¿Será que siempre es así o el hombre puede ganar de vez en cuando?

Por: Héctor Ramírez

El conflicto es una faceta ineludible del ser humano; por más que intentemos evitarlo, siempre estará presente a lo largo de nuestra vida. No es del todo negativo, el conflicto existe para que nos podamos superar a nosotros mismos y ser mejores versiones de las personas que éramos. Es tan inevitable que está presente en todo lo que existe, y eso no excluye a las relaciones. Sin embargo, estas tienen un rasgo característico y particular: la mujer siempre suele ser la que gana.

Ni lo intentes: peleas que un hombre jamás le ganará a una mujer

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Siempre que se da un conflicto, una discusión o una pelea de pareja, podemos estar seguros de que la mujer va a ganar. Estuve pensando un largo tiempo sobre aquellas peleas particulares en las que la mujer tendría la razón y el hombre no, pero acabé por concluir que no existe una respuesta para eso. En realidad, son todas las peleas las que ella gana. ¿Por qué? Este no es un hecho fortuito, existe una razón de ser para que siempre suceda de esta forma.

La mujer tiene una memoria prodigiosa, ella se acordará siempre de los detalles que a los hombres se nos escapan, y hará especial énfasis en aquellos que tienen que ver con nosotros equivocándonos (la vez que llegamos tarde, cuando se nos olvidó saludar a la mamá, cuando dejamos cagar al perro dentro de la casa, todo ese tipo de cosas). Por esa razón, en cualquier pelea ella puede sacar a colación cualquiera de esas embarradas nuestras y ganar por knock out.

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Si no es por eso, la mujer sabe que nosotros no solemos fijarnos mucho en los detalles pues somos más prácticos, y si inicia una pelea porque no nos fijamos en que se pintó de un color diferente cada uña de los dedos de los pies, o porque se puso unos aretes que no se ponía desde la segunda vez que salieron, no tenemos ningún argumento para defendernos. Simplemente tenemos que bajar la cabeza y mamarnos la cantaleta.

La combinación fatal de su memoria prodigiosa con nuestra falta de atención hace que la mujer siempre lleve las de ganar. Y si, por algún milagro, llegáramos a ganar una pelea, o ella se pone triste o de mal genio y no nos habla, haciéndonos sentir mal y culpables; a la final, acabamos perdiendo nosotros. Por eso mismo, cierro este texto con un consejo que todos los hombres deberíamos tomar cuando una mujer nos vaya a armar pelea: «Las batallas contra las mujeres son las únicas que se ganan huyendo».

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