Hombre

El día en que me di cuenta que no eras para mí

Yo te amé, todo el día, todos los días hasta el final. Hasta el preciso momento en que, volviendo mi mirada atrás, me di cuenta de la innegable verdad. No eras para mí.

Por: Héctor Ramírez

No voy a faltarle a la verdad. Yo te amaba. Te amé cuando, después del primer mes juntos, se te escapó un “Te amo” de los labios, te pusiste roja y te tapaste la boca. Desde ese entonces, amé tus detalles, amé tu dulzura y la manera en que un corazón tan grande podía caber en un pecho tan pequeño. Amé cuando gastabas la mayor parte de tu pequeño sueldo en un detalle para mí, para los dos; salidas a comer, a cine, o un simple y bello ratico tomando café en alguna esquina. Amé cuando ni la hora ni el clima eran excusa para dejar de vernos, para charlar media hora o una tarde completa.

El día en que me di cuenta que no eras para mí

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Te amé con intensidad el primer, el segundo y el tercer mes. De hecho, te amé a pesar de la intensidad y los celos que descubrí en ti, de lo rápido que querías ir. El amor es algo que germina y se desarrolla, es algo viviente que crece con ritmo propio; llegar un día, de improvisto, a decirme que si no vivíamos juntos en dos años todo iba a ser una pérdida de tiempo, no va mucho con el estilo del amor. Sin embargo, a pesar de todo eso, yo te amaba.

Te amé el sexto, el noveno y el doceavo mes, a pesar de conocerte más a fondo. A pesar de aguantarme un año entero en que me decías que no te gustaba la música que escuchaba, que estaría bien si cambiara de peinado y me vistiera de otra forma. Yo digo, como te conocí te amé, ¿no podía ser igual en mi caso? Hasta te amé cuando decías que todas mis amigas querían algo conmigo y que debería cambiarlas.

El día en que me di cuenta que no eras para mí

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No voy a faltarle a la verdad. Yo te amaba. Te amé hasta el último día del catorceavo mes; hasta el día en que sentí que no todo iba como debería. Nuestras ideas de vida, nuestras ideas de futuro no tenían nada que ver con las del otro, y allí no había nada que hacer. No sé por qué tardé tanto en darme cuenta, pero ese día preferí ser sincero. Ese día, con todo el amor que te profesaba, decidí terminar todo. Me dolió, sí, pero estaba seguro que alguien más podría cumplir tus expectativas mejor que yo. Te amé y te amé tanto que fui ciego a todo lo que debí haber visto, a todo lo que no debí haber amado tanto, hasta ese día; hasta el día en que me di cuenta que no eras para mí.

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