Opinión

¡A la mierda los perros rompecorazones!

¡A la mierda los perros rompecorazones!

Todas las mujeres tenemos esa amiga que nunca escucha nuestros consejos. Aquella a la que siempre debemos decirle: “te lo dije” y abrazarla tan fuerte que pareciera como si fuésemos a romper todos sus huesos solo para tratar de unir los trozos de su alma.

Por: Paola Cruz

Hace unos meses, entre tragos, comidas, conversaciones candentes y risas de una noche de chicas, una de mis amigas confesó que se estaba involucrando con un hombre de su trabajo y que, además, era casado. Realmente, era la primera vez que la veía tan confundida. La considero como una mujer única y aunque suele ser un poco loca en su manera de ser, nunca se metería con un hombre casado, con novia u “ocupado”. Así que lo primero que pensé fue que el man debió haberle endulzado el oído como nunca nadie lo había hecho.

¡A la mierda los perros rompecorazones!

Desde luego, los consejos (tanto buenos como malos) no se hicieron esperar. Unas decían que ni de riesgos fuera a cometer ese error, que la vida se lo iba a cobrar porque “todo lo malo que uno hace a los demás se paga”, mientras otras le decían que no importaba, que lo intentara, que una “canita al aire” no le hacía mal a nadie.

Era increíble ver lo feliz que era con él. Con él o con esa clase de “relación socio-morbo-arrecho-afectiva” que tenía. Todo era como perfecto, vivía una especie de doble vida que jamás se hubiera imaginado vivir, pero lo más importante de todo, era que tenía claro que solo era un juego y que no iba a sentir nada más. O eso creyó ella. Al parecer el tipo la trataba muy bien, le decía cosas lindas, de ese tipo de cosas que todas queremos escuchar de alguien, y trataba de hacer otro tanto para complacerla. Pero, ¿acaso no es eso lo que hacen todos los hombres al principio?

¡A la mierda los perros rompecorazones!

Un día, de repente y sin avisar, todo acabó. Lo que destrozó a mi ingenua y frágil amiga fue que este maldito pelafustán de mierda no tuvo, ni siquiera, la valentía de darle la cara, de decirle que se acababa por X o Y razón. Como un cobarde que se esconde tras los estados y últimas conexiones de WhatsApp, solo le escribió “no vamos a hablar más” y el hijo de puta termina con un “cuídate mucho”… Como si esa última frase le fuera a devolver entero el corazón a la pobre.

No sé si fue el hecho de que este tipejo fragmentara su ego o su corazón, pero juro que nunca la vi tan deprimida. Son de esas tusas que aparte de ser secretas le producen a uno un cierto sabor a vergüenza y venganza. Lastimosamente, ella no es de esas que toma venganza, ¡no! Ella es de las que perdona todo y a todos. ¡Pero algo aprendí!

Por eso, quiero darles este consejo a todas esas mujeres que están pensando meterse con un hombre casado o ya lo están. Todos dicen lo mismo: “Mi matrimonio es una mierda”, “solo estoy con ella por nuestros hijos”, “Te quiero para mí”, “Tú eres la que es, que no es, pero que debería ser”, “contigo me siento tranquilo, feliz”, “tú me das paz”… Pfff

¡A la mierda los perros rompecorazones!

Mujeres sépanlo de una vez: Ese tipo de hombres solo las usa, las ilusiona y las desecha cuando se consigue otra mejor o cuando le da la gana. No les basta con joder un solo corazón, los quieren todos para su maldita colección en la pared de su patético ego.

Así que si alguna está viviendo esa clase de situación, déjelo antes de que se encoñe, hulla lo más rápido y lejos que pueda para no salir lastimada. Y por favor recuerde que nunca debe ser el plan B de nadie. Siempre sea la número uno y la prioridad de quien la quiera de verdad.

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