Jugar a ser grande
Por: Isabel Zuluaga

Pocos imaginan que al adentrarse al centro comercial Santafé, ubicado al norte de Bogotá, está Divercity, una ciudad creada exclusivamente para los niños y niñas que quieren jugar a ser adultos.

La infancia está repleta de creatividad y recursividad, o ¿acaso no recuerda aquel peine que se convertía mágicamente en teléfono o micrófono? ¿Y qué hay de la manguera del jardín, de la que se apropiaba el “bombero del hogar”? Tales poéticas e ingeniosas tradiciones de antaño no dejaran de existir jamás, al contrario, se vuelven cada vez más reales, con el surgimiento de ideas como Divercity, un proyecto creado desde hace seis años por dos empresarios colombianos, que consiste en una ciudad creada únicamente para los niños. Allí prima el concepto de “jugar a ser grande” y tal como lo afirma Andrés Mauricio Castañeda, gerente de mercadeo, “es la oportunidad de enseñar a los chiquillos a ser cívicos a través del juego, la lúdica y el entretenimiento”.

Es así como al entrar a dicha ciudad, en la que siempre es de noche, lo primero que los pequeños visitantes deben hacer es expedir una “tarjeta débito” en el banco, para así comenzar a trabajar y acumular “divis” (dinero del lugar); que posteriormente utilizarán para gastar a su antojo en bienes materiales o servicios. Los infantes se convierten en los “señores de la ciudad”, contando con un gimnasio, una “Universidad del Futuro”, un supermercado, una droguería, un hospital, gasolineras, teatros, agencias de periodismo e incluso un DANE, a su disposición. La diversión a través de estos locales tiene una duración de cinco horas, y mientras los chicos, cuyo rango de edad varía desde los tres a los trece años, se apropian de su metrópoli; sus padres se dirigen a la denominada “Guardería de Papás”. Aquí el cambio de roles es determinante, y mientras los menores de edad se adueñan de su “urbe”, los acompañantes son remitidos a dicha “guardería”, compuesta por salas de belleza, salones de esparcimiento con WiFi y un pequeño restaurante donde se pueden relajar y dejar consentir, mientras tienen la certeza de que sus hijos están seguros y protegidos.

Dicha innovadora atracción no se limita únicamente al público citadino de la capital, también existe uno ubicado en Medellín, en un centro comercial con el mismo nombre y en Buena Vista II, perteneciente a la ciudad de Barranquilla. El costo promedio del pasaporte de entrada para los infantes varía de ciudad a ciudad, en un promedio de $28.000 pesos, y el valor del boleto de entrada de los padres fluctúa entre los $10.000 pesos. Adicionalmente, el parque está abierto todos los días de la semana y en temporadas bajas, después de las tres de la tarde, el pasaporte infantil tiene un valor de $14.000 pesos. Ante dichas ofertas, Andrés Mauricio argumenta que “esta es una inversión que vale la pena pues, es algo que no encontrarán en otros sitios y los niños siempre se enamoran de esta ciudad”.

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